jeudi 12 janvier 2012

Perú y las Malvinas argentinas, 2022. 1ª parte.


Catamarca, otoño de 1982.

Victoriano oyó alguien golpeando las manos en el portón y abrió los ojos: 

¡Don Unzaga! - escuchó gritar. Vio la figura difusa de un jeep gris de la aviación y largó el chala; se puso las alpargatas pero no se movió de la hamaca en la que fumaba, sentado en la galería.

El viento frío del otoño le golpeó la cara a la Gringa cuando se acercaba a la entrada de la casa a recibir al mensajero, y tuvo tiempo de pensar en cómo era triste el mes de abril en las Chacras, todavía lleno de flores, pero ya anunciando toda la crudeza del invierno.

El soldadito le entregó un telegrama: - Para don Victoriano -  dijo, y entró en el jeep, partiendo de inmediato. La Gringa tuvo un escalofrío, y adivinó el contenido del mensaje sin necesidad de abrirlo:
"La Fuerza Aérea Argentina informa que el soldado Rodolfo Unzaga murió en combate en defensa de la Patria. LasMalvinas son Argentinas, 29 de abril de 1982".

La Gringa sollozó bajito, y Victoriano se secó una lágrima que no le salió de los ojos, siempre azules y en ese momento helados.


 Catamarca, octubre de 2042.

Estercita sintió un mareo y se desvaneció; imaginó ver pasar un tren, despacio, casi deteniéndose en la estación de Recreo, y en cada ventanilla creyó ver una escena de su larga vida: casi una niña, cuidándola a doña Eufemia, setenta años atrás; años después, dejándole flores al abuelo Victoriano, y hace otros treinta, ayudándolos a Roque y a la tía Gringa. ¡No es fácil cumplir cien años! La ciencia avanzó mucho y logró la cura del cáncer, el sida y la dependencia del "paco", la marihuana y hasta del alcohol y el tabaco. Pero no curó los males de la memoria y las nostalgias.

Doña Estercita cumple cien años, ¡quién diría! Y sale la viejita del desmayo y se acuerda de las imágenes nítidas que revivió, las alegrías que sintió, y el dolor de los recuerdos más amargos. Como el de la segunda guerra de las Malvinas, la de 2022.
Y se acordó de la tía Gringa, cuando supo que lo habían matado al hijo de Rodolfito en la maldita segunda guerra, casi del mismo modo que había muerto el padre en la primera, cuarenta años antes.

 
Lima, Perú, 25 de enero de 2022

Una escuadrilla de aviones caza pasa por sobre el cielo de Miraflores y Rodolfo Unzaga, agregado militar en la embajada argentina en la capital peruana, piensa en su destino. Era el tercer Rodolfo entre los Unzaga: el primero había muerto en un accidente con un camión en las cuestas del Portezuelo, Catamarca, en 1952, el mismo año de la muerte de Evita. El segundo fue su padre, nieto de Victoriano que se fue muy joven a Buenos Aires y entró en la aeronáutica, muriendo en la primera guerra de las Malvinas, tres semanas después del desembarco argentino en Puerto Stanley y antes del inicio efectivo de las hostilidades, em 1982.

Rodolfo, el segundo, estaba a la espera de una orden para empezar las comunicaciones entre la aviación argentina y los submarinos atómicos rusos -o soviéticos, en ésa época- que irían a dar apoyo logístico a las tropas de Galtieri.

- Los nacionalistas más sectarios dicen que en América del Sur, el papel de Argentina es igual al de un niño rico con el que ninguno de sus vecinos quiere jugar - le dice el cabo Gatica a Rodolfo, algo que tal vez es una imagen que el país se ganó gracias a sus malos gobernantes de antaño, y  agrega Gatica:

- Pero son pocos los que creen que el pueblo comparta las ideas de sus políticos. De las mismas fuente envenenedas fue que surgió la falsa noticia de que la aviación argentina había ayudado a Ecuador con armas, en la corta guerra contra Perú –y es la opinión de un hombre, peruano, cuyo padre había muerto en una acción secreta de su país en defensa de la Argentina.

Y Rodolfo le contesta: - No sé, sobre eso ya no me arriesgo a opinar, el gobierno de Menem era capaz de cualquier cosa. Pero sí es verdad que fue un episodio oscuro, a tal punto que salieron los mismos ecuatorianos a desmentir la tal venta de armamento - dice, y vuelve a mirar hacia el cielo, porque desde el norte, y haciendo una enorme curva en el horizonte, asoman otras dos escuadrillas de Migs.

La primera ofensiva argentina en el Atlántico Sur, que terminó en la guerra de las Malvinas del siglo XX, empezó a prepararse el día 19 de marzo de 1982, cuando una cuadrilla de obreros civiles llegaron a Puerto Leith, en la costa noreste de la isla Georgia del Sur, a la vieja estación ballenera que había operado desde 1909 hasta 1965. Transportados por el buque de la Armada Argentina  "Bahía Buen Suceso", llegaron e izaron la bandera azul y blanca. Algunos infantes de la marina argentina se habían infiltrado entre los trabajadores, presentándose bajo el disfraz de investigadores científicos civiles.

- Uno de los antecedentes más conocidos de la primera guerra es el de setiembre de 1979, en plena dictadura de Videla, cuando el empresario argentino Davidoff, director de la empresa Georgia del Sur, especializada en la compra y venta de chatarras, firmó un contrato con la firma Christian Salvensen de Edimburgo, adquiriendo el derecho a retirar los restos de unas antiguas instalaciones de caza y envase de conserva de balleneras que estaban abandonadas en los puertos de Leith, Stromness y Husvik, en las islas Georgias del Sur - le cuenta Rodolfo Unzaga al cabo Gatica.
- Sí, y dicen que en esa ocasión, Davidoff solició en la embajada británica en Buenos Aires  los servicios del buque polar H.M.S.  “Endurance”, con el fin de transportar a las islas el personal y los equipos necesarios para desmantelar las instalaciones - dice Gatica y baja la vista del cielo de Miraflores, donde ha quedado una estela de humo gris al paso de los aviones.
- Como los británicos no aceptaron el pedido de uso del buque H.M.S. “Endurance”, en agosto de 1981 Davidoff pidió permiso al Ministerio de Relaciones Exteriores y a la Armada Argentina para contratar pasajes en las naves de transporte antártico - agrega Gatica, que sabe todo lo que se refiere a la primera guerra de las Malvinas porque su padre, igual que el de Rodolfo Unzaga, también combatió en el conflicto.
Y cuenta Gatica que, sabiendo la marina argentina que el gobierno británico pensaba retirar del servicio activo en el Atlántico Sur al H.M.S. “Endurance”, y previendo una posible salida británica de Grytviken, la armada argentina firmó un acuerdo con Davidoff por el que le permitía llegar a las islas al menos dos veces por año.

- El caso es que, en septiembre de 1981, la Armada proyectó un plan para aprovechar el negocio de Davidoff en las islas Georgias del Sur y establecer una base secreta en esse, que era uno de los territorios disputados con los británicos. Esta acción fue denominada con el nombre en código de Proyecto Alfa - recuerda Rodolfo que se enteró, muchos años después de la muerte de su padre en acción, ya en Peru, leyendo unos papeles del padre de Gatica sobre la primera guerra de las Malvinas.
Dicen que el plan consistía en infiltrar algunos militares entre los obreros, con la excusa de que eran científicos. Y, una vez que el H.M.S. “Endurance” se hubiera apartado de las aguas del Atlántico Sur, a partir de abril se juntarían al primer grupo otros catorce infantes de marina - agrega Gatica.
- Esos otros militares, miembros de una unidad de fuerzas navales especiales disfrazados, habían embarcado en un buque que iría a restablecer bases antárticas argentinas, y que levantarían, si les fuera posible, una base militar permanente en las islas Georgias del Sur -deja el café sin terminar en la mesa del bar  “Son de Cuba” de Miraflores, y mira otra vez para el cielo, Gatica.

Esa base debería contar con la ayuda valiosa del invierno, que impediría las medidas de fuerza que los británicos podrían tomar para desalojarlos e impedirles llevar adelante el proyecto- dice el peruano.
Paralelo al proyecto, en octubre de 1981 el comandante naval antártico de Argentina recibió la orden del jefe de operaciones del Estado Mayor de marina para estudiar el asentamiento de una base científica en alguna de las islas disputadas con el Reino Unido. Pensaban que esa base podría instalarse en la campaña antártica de 1981 a 1982. Esa fue llamada Operación Alfa - cuenta Gatica, y agrega que en diciembre fue decidido que la base sería ocupada por militares y no más por civiles por la necesidad de mantenerla en secreto. Se ordenó a los Comandos Anfibios dejar listos un oficial y seis suboficiales. La misma medida se tomó con igual cantidad de buzos para operaciones tácticas.
En enero de 1981 empezó el entrenamiento de los comandos y de los buzos – me contaba el Indio Santiago, treinta años después. - Y el jefe iba a ser el tristemente famoso teniente Alfredo Astiz. El 28 de febrero embarcaron en Ushuaia en el buque A.R.A. “Bahía Paraíso”, encargado de la campaña antártica. Para que no interfiriera en sus planes sobre las Malvinas, el 16 de marzo el Comité Militar canceló la Operación Alfa – me dice Santiago, y salimos del Bar Riviera -pero los comandos se mantuvieron embarcados por prevención y zarparon el 18 de marzo rumbo a las otras islas, las Orcadas del Sur, acompañando al buque em su campaña antártica -.

 - Peru siguió intentando mediar cuando ya había estallado la guerra y además le cedió aviones de combate a sus aliados argentinos; partieron de la base aérea de la Joya y uno de los Mirages enviados a combatir por la Argentina tenía un piltoto arequipeño, de mi família – me cuenta Gatica con orgullo, y de pronto se acuerda de las revistas “mejicanas”, como les decíamos en esa época a las aventuras que los chicos leíamos en El Tony, Fantasía y El Corsario Rojo, o en el Misterix.
Fue una madrugada de mayo de 1982 cuando las diez aeronaves partieron de La Joya. Les cambiaron las insignias, Le sacaron la bandera y la matrícula peruanas, claro, y pusieron las de Argentina. Era una operación militar secreta y, por eso ni siquiera las esposas de los pilotos peruanos se enteraron de que ellos volarían hacia Argentina llevando aquéllos diez naves de combate Mirage M5-P para participar, si las condiciones lo exigían y lo permitían, en aquella lejana guerra por las islas Malvinas – dice Gatica y se emociona por la gesta de su padre, tantos años atrás.
El tátara abuelo de Gatica había combatido en las batallas de Arica en 1880, y en la de Tarapacá en noviembre de 1879, durante la campaña terrestre de la Guerra del Pacífico. Se enfrentaron las fuerzas chilenas y peruanas, terminando la batalla con la victoria de estas últimas, pero perdiéndose la guerra para los ocupantes que llegaron, mejor armados y más rápidos, desde Chile. La caballería y artillería chilena utilizaba carabinas Winchester modelo 1866, y carabinas Remington, lo que en aquéllos lejanos años del siglo XIX era equivalente a la fuerza de los diez aviones que casi cien años después, en la guerra de las Malvinas de 1982, el derrotado Perú de entonces podía brindarle a sus hermanos argentinos.
Pero cuando los aviones caza y bombarderos que el Perú le había vendido a Argentina estaban listos para entrar en combate, luego de varios días de intenso entrenamiento y acondicionamiento en suelo argentino, el conflicto terminó con la reocupación británica de las islas del Atlántico Sur, y los M5-P peruanos tuvieron que esperar otros tiempos - le cuenta Gatica a Rodolfo Unzaga, aunque sus padres se conocieron justamente porque el peruano llegó un tiempo antes que los otros pilotos de su país, y terminó muriendo en una escaramuza durante un reconocimiento, baleado por un Sea Harrier británico.
Fue en la misma noche en mayo de 1982 en que los diez capitanes de los escuadrones 611 y 612 de la Fuerza Aérea del Perú partieron de la base de La Joya, en Arequipa, hacia la base argentina de Tandil, al este de Buenos Aires, para cumplir las órdenes del alto mando de su aeronáutica de guerra – le dice Gatica a Rodolfo.
Y ahora nuevamente, a finales de enero de 2022, la Fuerza Aérea Argentina, por medio de los canales políticos correspondientes, vuelve a pedir ayuda a los peruanos; necesita aeronaves de combate de alto desempeño para hacer frente a la armada real inglesa que, cuarenta años despúes de la primera guerra de Malvinas, llega escoltada por sus famosos Sea Harrier-2020, los aviones de despegue y aterrizaje vertical, semejante a los de un helicóptero, que ya en su versión de 1982 eran las más modernas y poderosas máquinas aladas que surcaban los aires:
Es exactamente así, amigo Gatica, Argentina tiene el problema hoy, en plena alianza con Brasil, y justamente por toda la política pacifista y neutral de la Confederación, de que sus aviones de combate no están preparados para volar hasta las islas Malvinas para parar el ataque y la tentativa de invasión británica. O, peor aún, atacar los objetivos de la Royal Navy en el medio del océano y volver a sus bases en Puerto San Julián y Río Gallegos, sin reabastecer combustible – dice Rodolfo Unzaga.
Sin embargocamarada Unzaga – le recuerda el general peruano Griovello Yúñes, que fue presentado a Rodolfo por Gatica – acuérdese que en 1982 los pilotos argentinos se sobrepusieron a las circunstancias adversas y pudieron hacer blanco en varios buques ingleses, lo que fue admirable en su momento -.
Algunos aviones de guerra subsónicos fueron comprados recientemente a los antiguos EEUU -ahora atomizados y con varios de sus estados aliados a Brasil-Argentina- como los Super Etendard equipados con misiles Exocet-2021, y otras naves más antiguas, como los Mirage-2018, para ataques aire-aire, los Dagger-2020, para ataques aire a tierra, y los A-4 Skyhawk- 2015, también para aire a tierra. Pero aún así, los pilotos argentinos necesitan aviones de más autonomía de vuelo y capacidad para tareas en el mar. Y esas máquinas las tiene hoy, en 2022, solamente el Perú - le explica Unzaga al general peruano.
Continuará. Javier Villanueva, São Paulo, enero de 2012. Basado en hechos reales e irreales, y en ideas comentadas con Antoine Barral.

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