mercredi 25 janvier 2012

Perú y las Malvinas argentinas, 2022. La guerra que no fue. 3ª parte.

Vea la 2ª parte:
Vea la 2ª parte:

Antoine, anoche tuve una tremenda insomnia y me puse a pensar sobre lo que nos dijo Santiago – dice Javier y le pasa un mate amargo a Sério Cambiado.
Y creo que tuve una idea: dejar de hablar un poco de la guerra y concentrarnos en el habla de ese pueblo enorme que va del Perú hasta la Argentina y Chile – agrega Javier, y enseguida piensa en lo que le van a retrucar: “si, perfecto, ¿pero qué tiene que ver éso con la Guerra que no fue?” ¿No es sobre esa tal guerra que se trata en estos dos capítulos?
Okey, vamos a hacer un repaso del tema de la guerra y después pensamos lo que nos proponés, ¿puede ser Javi? – tercia Antoine Bairral.
– Veamos: Líbia les entregó clandestinamente algunas bombas  a tres oficiales de la fuerza aérea argentina a fines de mayo de 2021 y envió dos Boeing 707 con misiles aire-aire, 23 misiles Estrella y 32 lanzadores Kasef, algunas docenas de proyectiles Maksuf-2020, diez morteros de 60, dos toneladas de munición, etc. Mucho de este material no fue acondicionado durante los preparativos de la guerra y se arruinó por completo, etc, etc. Todo esto lo vamos a eliminar, no interesa – lee Antoine y borra párrafos enteros del tablet

A ver acá: un bombardero británico Vulcan tuvo un desperfecto en un tanque de combustible antes de llegar a la isla Ascensión y los brasileños, a contragusto, le terminaron dando autorización para aterrizar en Recife si no pudiera llegar hasta Ascensión. Pero se quedaron con el armamento y tres misiles antirradar Shrike, y devolvieron al piloto y el avión a Europa, etc, etc. Esto también lo limamos...eliminado, ¿ok? – sigue Antoine recortando los textos que le parecen excesivos en el tablet.
Argentina y Chile estuvieron a punto de ir a la guerra, una vez más, en el  2021 porque, como las fuerzas militares argentinas eran levemente superiores a las de Chile, los chilenos temían –con una cierta razón- que un gobierno argentino victorioso en la recuperación de las Malvinas pudiera decidir también recuperar las islas de Lennon y Picton después de derrotar a los británicos. Entonces, para que el ejército argentino no pensase siquiera en avanzar hacia el oeste de la cordillera en caso de victoria contra la flamante y debil república inglesa, lo que le convenía a Chile era que Argentina perdiera. E hicieron todo lo posible, aunque sin comprometer la neutralidad para lograrlo, etc...no, no, esto tampoco lo vamos a dejar – dice Sérgio, que además insiste en que las nuevas políticas pacifistas de la Confederación Brasil-Argentina no tienen nada que ver con esas intrigas del pasado, que eran meros resquicios de tacañerías de la cultura de los milicos.

Bueno, y entonces ¿por qué no consideramos este otro texto? lo traje hoy, y cambia de tema – aparentemente, remarca Sérgio - para dejar claro que, si los peruanos ayudaron a la Argentina en la Guerra que no Fue, em 2022, los motivos no eran sólo políticos o militares, sino profundamente culturales. Tenían que ver con la larga tradición que nace cuando San Martín cruza los Andes con un ejército de chilenos y rioplatenses, en pleno siglo XIX, expulsa a los españoles y enseguida liberta a Perú y a lo que luego se llamaría Bolivia, el Alto Perú de entonces. Vean:

“El aymará es la principal lengua de una enorme familia del mismo nombre. Es el idioma que habla, con diversas variantes, la nación aymará en Bolivia, en Perú, Chile y Argentina. Es un idioma oficial en Bolivia  y en el Perú  junto con el castellano; y también la primera lengua de un 35% de los bolivianos; además de ser el principal idioma amerindio del sur peruano y el norte chileno.
Nació en las serranías andinas del centro del Perú. Y se extendió hacia el sur como uma “lingua franca”, que fue luego adoptada también como la lengua madre de los pueblos  Wari y Txapakura, dispersos entre Sagarana, el Puesto Indígena São Luiz, el de Sotério y la ciudad de Guajará-Mirim, todos en territorios del Brasil. Más tarde la reemplazó el quechua desde la costa hasta el Cuzco central y sus alrededores, pero siguió siendo hablada desde Arequipa, en el Perú hasta el Poopó, en la actual Bolivia, a la llegada de los conquistadores españoles.
Bolivia reconoce además del castellano como idiomas oficiales, al aymará y a otras lenguas. También el Perú implantó la oficialidad del aymará, junto a otros idiomas indígenas. Pero tanto el éxodo rural del siglo XX como las nuevas oleadas migratorias a mediados del XXI, junto a enormes desplazamientos bolivianos también han llevado millares de hablantes a zonas metropolitanas de Argentina o Brasil, en primer término y, en general, a todos los otros destinos de la gran emigración latinoamericana de 2019 a 2043.

El idioma aymará usa com generosidad sus recursos gramaticales y es muy valorado en su cultura el uso diestro del idioma, mostrando respeto y cortesía con juegos de palabras y figuras de dicción que son muy elaboradas. En cambio, quien habla mal se arriesga a sanciones. El mal hablar se ve en el uso de oraciones cortas con un mínimo de formas; hablar brusca y secamente, sin dar atención a lo que otros dicen, se paga con una sanción, que por lo general es el silencio del otro; aunque el silencio también puede ser señal de cortesía hacia la persona que habla. Tal vez de allí nazca el concepto del aymará como de gente estoica y silenciosa, lo que puede resultar de los manejos que hacen del silencio como una sanción negativa.

EL aymará también es explícito en relación a los movimientos, y sus verbos definen muy claro el andar, configurando lo que se lleva a cuestas. Por ejemplo, no se pueden transportar granos con el mismo verbo con el que se mueven objetos cilíndricos. El movimiento está siempre presente y sólo se detiene con el uso de sus sufijos. En el idioma aymará un verbo sin sus sufijos que señalen el movimiento deja al que oye con una información insuficiente.

Bien, bien; sí, es cierto; todo lo cultural, y sobre todo las lenguas populares son temas trascendentes para el continente americano, del norte al sur, porque son trascendentes para millones de americanos. Los pueblos de Paraguay, Bolivia y Perú, sobre todo, lucharon durante un siglo para que el quechua, el aymará y el guaraní fueran declarados, sin restricciones, como lenguas oficiales y de trabajo del antiguo Mercosur junto al portugués y el castellano. Incluso la protección y la promoción a las lenguas americanas de poblaciones más reducida, también empezó a ser efectiva desde 2038, por lo menosPero Sérgio, ¿cómo vamos a “encajar” esto con lo de La guerra que no Fue?-  pregunta, con una cierta ingenuidad Antoine.

Esperáme un poco y ya vas a ver: el quechua, aymará y guaraní, junto con el castellano, son lenguas con reconocimiento oficial en Bolivia. El guaraní, además, es lengua oficial de todo el Paraguay, fundador del antiguo y extinguido Mercosur; y también fue reconocido en la provincia argentina de Corrientes. El quechua y el aymará ya eran oficiales, porque siempre fueron hablados en otros estados asociados del viejo Mercosur – sigue Sérgio, sin prestarle demasiada atención a las dudas de Antoine.

- Sigo:  “Los derechos lingüísticos, del modo que desde siempre lo entiendó el Consejo de Europa, por ejemplo, ya han llegado a América para las lenguas autóctonas también. Hasta 2023, tan sólo el francés, una lengua europea, había logrado en el Quebec canadiense el pleno reconocimiento de sus derechos lingüísticos. Nada, ni remotamente parecido, se había hecho con el quechua, el aymará, y el guaraní hasta bien avanzado el siglo XXI. Y eso que esos tres idiomas indígenas siempre fueron, y con mucha diferencia, las lenguas americanas que cuentan con un mayor número de hablantes en Perú, Bolívia y Paraguay.

Bueno; ahora quiero que Uds. vayan lo más a fondo posible. Quiero el alma, la esencia, no tengo tiempo de andar lidiando con mediocridades. Quiero oír sobre las lenguas del pueblo, todos los matices de los dialectos regionales, europeos e indígenas. Exijo saber qué diablos es el famoso portuñol, qué fue de la vida del antiguo Mercosur, qué pasó con el castellano y el portugués primitivos, los de los años de 2015 y 2020 - recuerda Javier haberle oído decir a Santiago, antes que empezara a babearse de rabia y de impotencia al ver la demora de la obra.

Es verdad, fue lo que él nos pidió, exactamente, al mencionar a losgrandes territorios de las lenguas que se estructuraban, entre 1980 y 2024, con las mismas jerarquías con que se regulaban los viejos imperios coloniales; dice él que era una estructura de dominación clásica, que tenía un centro imperial, que en el caso del portugués antiguo era la vieja Academia Brasileira de Letras, con sus casacones, sus levitas elitistas, sus sillones fijos y sus discursos sempiternos –concuerda Antoine y se ríe al recordar la última reunión en la oficina de la calle Corrientes, cuando salieron rápido y asustados con el ataque de iracundia del jefe.

Y en el caso del castellano antiguo –al que antes algunos le llamaban erróneamente espanhol-  era la vieja Real Academia Española, en la península ibérica, una autoridad lingüística que legislaba, despues de haber “fijado, pulido y dado brillo” a la lengua castellana. Las antiguas 22 academias refrendaban todas las decisiones, y asumían la edición y publicación de las grandes obras académicas del pasado – recuerda Antoine haber leído en los apuntes que Sérgio Cambiado anotó luego de la última reunión, también terminada en gran trifulca, con el jefe. 

El gobierno boliviano, ahora coligado a la Confederación Brasil-Argentina, organizó campañas de alfabetización, entre otras, en las tres lenguas: quechua, aymará y guaraní, además de en castellano, ayudando en su sobrevivencia y la dignificación de sus hablantes – dice Sérgio y piensa para si mismo que esto sí es hablar del pueblo y sus sentimientos, y debe ser algo que le interese al jefe.

Es que América, de norte a sur, era el único continente, hasta los años de 2025, en donde ninguna lengua autóctona había pasado por una normatización, lo que finalmente ha sido adoptado de forma plena e íntegra por todos los organismos estatales e interestatales. Un paso postergado de descolonización, pero que al fin permitió la asunción de la identidad americana y la recuperación de la dignidad ultrajada de millones de personas en toda América, y sin que por eso tuvieran que renunciar a sus otras lenguas, el castellano y el portugués - completa Antoine Bairral.

¡Eso mismo, Antoine! son cerca de 80 millones de ciudadanos en los países miembros del antiguo Mercosur y sus asociados que hablan hoy, en pleno 2048, los idiomas quechua, aymará y guaraní en un grado u outro – se entusiasma Santiago cuando lee el texto ya editado que Sérgio y Antoine le pasaron por e-mail.

Es verdad, y vean Uds. – escribe Santiago en el mail de respuesta al dia siguiente - el Consejo de Europa cuenta hoy, a su vez, con 23 lenguas oficiales: alemán, búlgaro, castellano, checo, danés, eslovaco, esloveno, estonio, finés, francés, griego, húngaro, inglés, irlandés, italiano, letón, lituano, maltés, neerlandés, polaco, portugués, rumano y sueco. La mayoría de ellas con muchos menos hablantes que el quechua, el guaraní o el aymará. Y todavía, muchas pertenecen a la misma familia lingüística, como ocurre con las mayoritarias hoy en el viejo continente: el portugués, castellano, francés, italiano y rumano - todas ellas lenguas románicas, agrega el jefe editorial - sin que eso impida su oficialidad. ¿Por qué no puede tener ya hoy la Confederación y sus países aliados, ademas de las cinco lenguas oficiales: aymará, castellano, guaraní, portugués y quéchua, las de los otros cientos de grupos étnicos de la Amazonia, la Patagonia y el Gran Chaco? ¿No lo exige la dignidad de esos otros casi 40 millones de americanos? - vocifera, respira hondo, transpira, le pulsan las sienes, y se entusiasma, Santiago.

El Paraguay cumplió con su obligación moral hacia los millones de compatriotas hablantes del guaraní al conseguir que su lengua fuese declarada también oficial y de trabajo en el extinguido Mercosur, como parte del proceso de la descolonización lingüística de los idiomas autóctonos en los organismos interamericanos.  Y además, Paraguay y Bolivia abogaron por la plena oficialidad del quechua, el aymará y el guaraní en el Mercosur. Millones de personas en América y en todo el mundo aplaudieron el gesto, y ni Brasil, Argentina, Uruguay o Venezuela, pudieron negar un pedido tan justificado, y menos con sus bárbaras historias nacionales de exterminio de cientos de pueblos originários -  justifica Santiago, y con ello santifica todo el largo texto nuevo que Antoine, Sérgio y Javier le proponen para suavizar el tema crudo y militarista de la Guerra que no Fue.


Buenos Aires, septiembre de 2048.

Sérgio y Antoine encienden los video-plasmas de pared antes de salir del cuarto del hotel donde estaban reunidos y oyen el discurso de la presidenta de la Confederación Brasil-Argentina:

- Deseamos la paz y la concordia con Bolívia, Paraguay y con todos nuestros vecinos. Lo deseamos fervientemente. En las guerras siempre muere el pueblo. Nosotros somos pueblo. Que muere por unos intereses que no son los suyos y que ni siquiera entiende. La Guerra del Chaco que enfrentó a Bolivia y Paraguay hace poco más de un siglo, por ejemplo, no sirvió en Paraguay ni siquiera para acabar con el apartheid lingüístico contra el guaraní. Las clases dominantes, durante la guerra, hablaron de nacionalismo y elogiaron el uso que se hizo del guaraní durante el conflicto. ¿Pero qué otra lengua podrían haber usado los combatientes si en ese momento era la única de más del 80 por ciento de los paraguayos que sólo hablaban guaraní y no entendían el castellano? Pero una vez terminada la guerra las clases dirigentes no oficializaron el guaraní y ni dejaron que se alfabetizase al pueblo en su idioma. Pero hoy -en pleno 2048- el estado Paraguayo funciona en guaraní en su administración. Se ha roto el apartheid lingüístico paraguayo para romper la injusticia y las desigualdades -”.

Y Antoine Bairral, Sérgio Cambiado y Javier se miran y no pueden contener la carcajada de entusiasmo, simultánea, estrondosa y contagiante, al seguir escuchando el discurso que dice :

“– Y La Guerra que no Fue, que hoy comple un nuevo aniversario, nos sirvió para terminar con la última nota del viejo imperialismo inglés en América, al derrotar al colonialismo sin un tiro de cañón, sin un herido siquiera, y logrando todavía que los Kelpers, antiguos habitantes de las Malvinas, votasen en la NU a favor de integrarse ala Confederación Brasil-Argentina” - .

“- La Guerra que no Fue, sí significó un paso trascendente en la historia de la descolonización americana y de la justicia social, porque al mismo tiempo que incorporó a las Malvinas y sus habitantes al pueblo sudamericano, también logró la plena e irrestricta legalidad del quechua, el aymará y el guaraní en el antiguo Mercosur, que en esos dias se disolvió para darle lugar a la nueva Confederación. Las Mujeres Trabajadoras Indígenas, el Movimiento de Educadores, el partido Campesino Paraguayo, la Confederación Sindical de Mujeres Interculturales de Bolivia que representan a las etnias aymará, quechua, guaraní, caiman, ayoreo y otras naciones indígenas, la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia y Confederación Nacional de Mujeres Indígenas, y sus 34 naciones de las tierras bajas de Bolivia; la Confederación Nacional de Campesinas de Bolivia, una organización de indígenas vinculadas con el gobierno; el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyo que agrupa a los indígenas de las tierras altas de Bolivia; y la Organización de Mujeres Juana Azurduy, lograron la elaboración de materiales educativos en lenguas originarias, edición de diccionarios, historias, y de un nuevo curriculo del sistema educativo plurinacional, y nuevos materiales didácticos en lenguas como el tsimane y tacana y la definición de sus alfabetos. Porque, aparte de las naciones aymará, quechua y guaraní, existen otros 32 grupos o pueblos culturalmente diferenciados. Hay que recordar que los indígenas son más de la mitad de la población en Guatemala y en Bolivia. Y en todos los países latinoamericanos se habla más de un idioma. En Colombia son unas 73 lenguas, en Perú unas 62, en México unas 50, en Bolivia unas 32, en Guatemala unas 20, y en Chile se hablan otras 10 -".

En síntesis Santiago, la Guerra que nunca Fue terminó en paz con los ingleses, que se retiraron derrotados, y la Confederación fue victoriosa sin que hubiera otras batallas más que las diplomáticas. Y de un solo plumazo, para poder integrar a los Kelpers, cuyo idioma siempre fue um dialecto del inglés del siglo XIX, la Confederación mapeó las lenguas más habladas en América Latina –que son el nahuátl o azteca, el quiché maya, el quechua, el aimara, el guaraní y el mapuche- y con eso generó un enorme movimiento cultural y educativo, que tuvo grandes repercusiones de avance social - agrega, entusiasta con la aprobación del jefe, Sérgio.

Pero, ¿sería esa la esencia de los pueblos que nuestro editor buscaba en nuestra Historia de la Confederación? ¿Estaría el alma de nuestros pueblos escondida en la selva del Gran Chaco, o enmarañada entre las lianas de las junglas amazónicas? ¿No sería un caso como el de aquel mulato loco, uruguayo que había sido lancero de Artigas y después, muchos años más tarde, luego de terminada la batalla de Curupaití -en que los paraguayos derrotaron a las tropas argentino-brasileñas en la vergonzosa Guerra de la Triple Alianza- se perdió en las cerrazones, vagando por los terrenos barrientos, encharcado por las lluvias de la estación, lo que evitó que fuese otra presa fácil del fuego de la artillería guarani? Recuerdo que Javier me contaba que el mulato logró desaparecer y, escondido en medio de las fieras y comiendo frutas silvestres, por fin se entregó a la locura, que era una chifladura mansa, en la que soñaba con desvaríos proféticos, que le dejaban ver claramente el futuro.
¿Andará el alma de los pueblos americanos, perdida entre sus muchos idiomas y dialectos, buscando todavía un encuentro generoso y futurista, libre de prejuicios y perfeccionismos? Era lo que todavía se preguntaban Antoine Bairral, Sérgio Cambiado y Javier al salir de la oficinita de Corrientes y Uruguay.

Continuará en la 4ª y última parte. Javier Villanueva, São Paulo. Basado en hechos reales e irreales. Futurismo y tema inspirados por Antoine Barral.

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